Confundimos estabilidad con desarrollo.
Confundimos estabilidad con desarrollo
Serie: Chile — errores de diseño que nos salen caros
Durante años, Chile se contó a sí mismo una historia tranquilizadora:
“somos un país estable”.
Y eso fue cierto… pero incompleto.
La estabilidad no es desarrollo.
Es solo una condición de borde.
Un país puede ser estable y, al mismo tiempo:
crecer poco, sofisticarse lentamente, perder oportunidades estratégicas, y quedarse atrapado en su propio equilibrio.
Eso es exactamente lo que nos pasó.
Chile diseñó muy bien la estabilidad: instituciones macroeconómicas sólidas, reglas claras, apertura comercial, disciplina fiscal.
Pero no diseñó con la misma claridad su trayectoria de desarrollo.
Confundimos tres cosas distintas:
1) Estabilidad con estrategia
La estabilidad evita crisis, pero no define hacia dónde ir.
Sirve para no caer… no para despegar.
2) Crecimiento pasado con crecimiento futuro
El modelo que funcionó para salir del subdesarrollo no es necesariamente el que permite dar el siguiente salto.
3) Orden con dirección
Tener reglas claras no reemplaza decidir qué capacidades, sectores y territorios queremos desarrollar.
El resultado fue un país que funcionaba, pero que dejó de transformarse.
Mientras el mundo avanzaba hacia: integración productiva, cadenas de valor resilientes, reindustrialización selectiva y competencia por localización de capacidades, Chile se quedó celebrando la estabilidad como si fuera el objetivo final.
La paradoja es dura: la misma estabilidad que nos protegió, hoy nos inmoviliza si no se acompaña de diseño estratégico.
El error no fue construir estabilidad.
El error fue detener ahí el diseño.
El desafío ahora no es romper lo que funciona, sino usar la estabilidad como plataforma para volver a desarrollarnos.
El futuro no se espera. Se diseña.
Pregunta para abrir conversación:
¿En qué ámbito crees que Chile confundió más estabilidad con desarrollo: productivo, territorial, institucional o cultural?


